La Rosa y la Luna
Para ti, mi Rosa, la luna es todo un misterio. Para nosotros en cambio, verte actuar bajo su efecto nos produce cierto encanto.
Durante el día la buscas en el cielo. A veces la encuentras y te pones muy contenta, como quien ha descubierto un juguete extraviado. Asocias todas las figuras redondas o semi-circulos que ves en los libros que “lees” con la luna y me la señalas mientras repites “luna” (antes era “lula”, pero tus ‘enes’ se han refinado en las últimas semanas.)
Cuando llega la noche sales a buscarla con el mismo ahínco pero cuando la encuentras bajas la cabeza y te escondes en mis brazos. Si te digo “mira Rosa, ahí esta tu amiga la luna”, me dices “no, no, no” y volteas tu cara en sentido contrario mientras te aferras a mi con una firmeza que me conmueve.
No sos de las que reparte abrazos, o de las que da besos y confieso que a veces te saco al patio solo para sentirte cerca. Robarte un beso es imposible, pero para sacarte un abrazo solo tengo que salir contigo a la noche y buscar la luna, tu luna.






