La llegada del verano es inminente. Con el cambio de hora y con los cerezos y los magnolios floreciendo, mi alma se regocija. Que delicia. Que felicidad. Poder salir sin bufanda, guantes, gorro, mitones, chaquetas, sacos, botas y demás, es absolutamente liberador. (Si pudiera salir sin los 10 kilos que me no he podido bajar me sentiría aún mas liberada, pero en esas estamos.)
Claro que no hay que emocionarse de a mucho; (en palabras de T.S. Elliot)Abril es el mes mas cruelÂ. Uno ya viene cansado del invierno y esta listo para sacar las chancletitas del verano, guardar las botas y botar esa chaqueta chuchenta de una vez por todas; esta uno listo a todas esas cosas cuando de repente, tin, una nevada mata las ilusiones en forma de tulipanes. La primavera viene en camino, pero el invierno la retiene en la aduana.
Con la primavera en la aduana y el verano en el horizonte vuelven las mismas preocupaciones que me acompañaron durante toda mi época del bachillerato: las piernas peludas y el pedicure. Claro que con Rosa abordo, las cosas pintan muy distintas ésta primavera. las preocupaciones no es que cambien de a mucho, pero si cambia el tiempo que uno puede dedicarle a ciertas actividades tenemos mucha ilusión de salir con ella de paseo… sobretodo de sacarla en la bicicleta.
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