A veces, cuando quiero que Rosa me de un beso, me rasque la espalda, cepille el pelo, o me de un masaje en las piernas le propongo que juguemos a algo. Generalmente a la “peluquería”, porque nuestra peluquería ofrece todos esos servicios. “Señora”, le digo, “cuánto vale un masaje con esta cremita?”, pregunto mientras le extiendo el pote de crema con olor a lavanda que tanto le gusta. “Cuesta cinco mil pesos” me responde, dispuesta a seguirme la caña, presta siempre al juego.
Esta mañana sin embargo, con un poco de guayabo porque se va para la playa por dos semanas, le pregunte cuanto costaba un masaje y me dijo, “Hoy no cuesta nada porque esta cerrado”.
Nada, me figuró quedarme con las ganas.








{ 2 comentarios… Léelos abajo o adiciona uno }
Como sé que adoras el diseño te dejo un sitio increible, de unos compatriotas. Tal vez te parezca genial como a mí.
Un abrazo…
http://esostiposdelautem.cl/
gracias! Esta súper! tengo una debilidad partícular por las tipografías y los viejos métodos de impresión tipográfica..